Del 25 de marzo al 28 de agosto de 2016, Rennes, capital del departamento de Ille y Vilaine, en Bretaña, acoge un acontecimiento cultural de excepción: cuatro exposiciones de Ronan y Ervan Bouroullec en tres emplazamientos emblemáticos de la vida artística cultural e histórica de la ciudad: la sede del FRAC (Fonds régional d’art contemporain), les Champs Libres y el Parlamento de Bretaña.

Ronan (1971) y Ervan Bouroullec (1976) son naturales de Quimper, en Finisterre, una pequeña ciudad, cerca de la desembocadura del río Odet en el sur de Bretaña, que vio nacer un siglo antes a Max Jacob. Ambos hermanos estudiaron en París, en la École Nationale des Arts Decoratives, y a finales de los noventa abrieron un estudio de diseño que se ocupa de un variado repertorio de proyectos: desde pequeños objetos para el hogar hasta grandes iniciativas arquitectónicas.

Que las exposiciones que los hermanos Bouroullec tengan lugar en Rennes puede verse como un retorno a sus raíces después de haber obtenido el reconocimiento internacional y convertirse en la principal referencia del diseño francés desde Phillippe Starck. En sus propuestas animan a descubrir sus realizaciones más recientes en tres áreas bien diferenciadas: el espacio público, la microarquitectura y el diseño de objetos.

No hace falta ser biólogo o entomólogo para observar un hormiguero y aprender cosas increíbles. Es más, creo que todos los grandes empresarios, creativos, emprendedores e innovadores deberían “darse una vuelta”, al menos de vez en cuando, por el mundo de las hormigas.

el aprendizaje que os brindarían sobre nuestro día a día y sobre vuestra profesión, sería más o menos el mismo

Y si, desgraciadamente, las hormigas no os cayeran del todo bien (que puede suceder), podríais optar tranquilamente por visitar el mundo de las avispas y sus panales, pues el aprendizaje que os brindarían sobre nuestro día a día y sobre vuestra profesión, sería más o menos el mismo.

Reveries urbaines, en Les Champs Libres

En la sede de les Champs Libres los hermanos Bouroullec muestran proyectos concebidos para el espacio público, una suerte de ensoñación urbana a través de muebles, pérgolas, cursos de agua y marquesinas. Representan una metamorfosis del espacio, una síntesis armónica y transparente que parece reencarnar los paseos, los encuentros de la ciudad, ajena al discurso del diseño y del urbanismo convencional.

La muestra recoge en forma de dibujos, fotografías, maquetas y prototipos, el resultado de una serie de investigaciones inéditas que tienen por objeto contribuir a formas más imaginativas de interacción social. A través de una serie de principios formales y conceptuales, los hermanos Bouroullec reinventan los motivos urbanos en una ensoñación pragmática que tiene por objeto redefinir la vida en el espacio publico. Una exposición como esta puede provocar sorpresa o confusión porque el urbanismo no se ha concebido desde la perspectiva de quienes habitan la ciudad, sino desde la limitada mirada de planificadores urbanos y arquitectos, más pendientes de su contribución formal a un lenguaje alejado de todo compromiso.

Erwan Bouroullec explica que muchas de las propuestas para el espacio público reunidas en los Champs Libres fueron concebidas con la necesaria distancia, sin supeditarse a una persona o a un lugar en concreto que pudiera contaminar su proceso de indagación. Y por ello tienen que ver tanto con Rennes, como con cualquier otra ciudad. Todas ellas mantienen el necesario nivel de abstracción y responden a preguntas que no están claramente definidas pero que nacen del innegable proceso de transformación social de la última década.

Para Ronan Bouroullec, “intentar mejorar la calidad de vida en las ciudades, es una inesperada tarea”, pero esa indagación en aspectos desconocidos de la vida humana ha sido el motivo principal de su práctica del diseño. Ese desafío llevó a los hermanos Bouroullec a producir propuestas innovadoras que han contribuido a hacer de su trabajo un referente en el diseño internacional.

Erwan Boroullec resume la importancia que una muestra de esta naturaleza tiene para conformar sus métodos de trabajo y el proceso de diseño que hace realidad sus propuestas:  “Las exposiciones son herramientas maravillosas. Suponen la oportunidad de presentar nuestro trabajo para producir con precisión una historia que queremos contar, para generar un ambiente que parece completar el círculo del proyecto. Algo parecido a una película, donde los objetos son los actores de una pieza dramática más compleja”. De alguna forma “Reveries urbaines” es una suerte de diálogo que facilita la reformulación de un proceso creativo que, de este modo, adquiere una dimensión temporal y espacial inesperada.

Retrospective, en el FRAC

En la sede del FRAC (Fonds régional d’art contemporain) se organiza Retrospective, una muestra con un centenar de objetos diseñados por los hermanos Bouroullec en los últimos años. Mucho de lo allí presentado causó sensación cuando apareció en el mercado porque revolucionó el hábitat doméstico y la manera de entender nuestra relación con los objetos. Es el caso del sofá Alcove, concebido para Vitra en 2006, algo más que un mueble, un espacio que invita a “permanecer en una burbuja” siendo parte de una sala común. O de la televisión plana, Serif, diseñada para Samsung en 2015, cuyo lateral es la representación de una serifa, un remate tipográfico que representa un homenaje sutil a la cultura del diseño. Y es también lo que caracteriza o los azulejos tridimensionales Rombini para Mutine (2015) que transforman la pared en una ondulación sujeta a la acción cambiante de la luz.

Los objetos aparecen suspendidos del techo, sin un orden cronológico o temático. Algunos se muestran por afinidades selectivas, de tal manera que los estantes Roches para la galería Kreo y las cornisas de plástico de color rojo lacado para Vitra, comparten una misma inspiración oriental. Otros componentes de la muestra relatan la cara oculta de los muebles, ese proceso desconocido que va del boceto al producto, a través de la complejidad de los procedimientos de fabricación.

Sin duda, una exposición así concebida no es una muestra retrospectiva, como irónicamente parece anunciar su título. Es, ante todo, una propuesta para la reflexión sobre la naturaleza de los objetos, su inspiración formal y el sentido que adquieren en nuestra interacción social: “Que podamos debatir abierta y honestamente sobre cualquier tema es importante porque la creatividad no proviene de un punto de vista racional sino de una actitud emocional”, concluía Erwan Bouroullec.

17 Screens, en el FRAC

La exposición 17 Screens, anteriormente organizada en Tel Aviv, muestra diecisiete sistemas de cierres  modulares, a modo de pantallas, organizados en una disposición única. Para Ronan Bouroullec, “los cierres han sido siempre para nosotros importantes, sobre todo, cuando Algue se convirtió en un producto capaz de vender ocho millones de ejemplares en el mundo”, una propuesta que cambió la manera de concebir el espacio compartimentado.

Pero la exposición es algo más que una recopilación de objetos. “Aquí mostramos sobre todo un panel de investigaciones”, que combinan métodos de trabajo tradicional con la impresión tridimensional y cuyo resultado es una serie de elegantes propuestas experimentales. El resultado de un proyecto experimental que incluye la combinación de gran variedad de materiales con la inspiración en la naturaleza. “Los diecisiete diseños son parte de un enfoque de nuestras diferentes aproximaciones y de la manera en que reinterpretamos las pantallas divisorias, no sólo conceptualmente, sino también como objeto de uso práctico”.

Todas las creaciones que aquí se muestran fueron concebidas para la exposición y utilizan materiales muy diversos: desde aluminio anodizado, cerámica o seda, a recursos menos nobles como plásticos y las ramas de madera. Lo fascinante de la exposición, no reside sólo en un uso inventivo de los materiales o en la solución técnica en cada una de las piezas, sino también en el aspecto conceptual. Como todas las pantallas son transparentes y ligeras, incluso frágiles, vencen el propósito original como simples objetos que separan pasivamente el espacio o esconden cosas a la vista y se convierten, en cambio, en gestos espaciales activos que dan forma al flujo de movimiento, luz y color a su alrededor.

Kiosque, en el Parlamento de Bretaña

Para completar la idea de ensoñación urbana que plantea “Retrospective” los hermanos Bouroullec concibieron una pequeña arquitectura portátil. Kiosque nació en 2015 como un encargo del presidente de Emerige, una de las más poderosas promotoras inmobiliarias de Francia. Laurent Dumas es un moderno mecenas que ofrece a artistas y diseñadores la posibilidad de intervenir en algunos de sus proyectos residenciales que impulsa Emerige.

Se trataba de crear un nuevo concepto de interacción espacial, que pudiera ser utilizado como espacio para la venta, la exposición o para fines sociales de una forma flexible, que pudiera desmontarse en pocas horas y que se transportara fácilmente en un remolque. Kiosque es un espacio autónomo, desmontable, compuesto de una estructura de acero con vanos vidriados y un techo que forma una especie de terraza exterior. Dos linternas se disponen en los extremos del techo par dar luz a toda la superficie cubierta. Tres años llevó a los hermanos Bouroullec diseñar y producir los dos ejemplares que fueron mostrados por primera vez en un espacio tan emblemático como el jardín del Palacio de las Tullerías, junto al Museo del Louvre.

Con motivo de la comercialización del programa de Emerige que dio origen a su creación, se ofrecieron los dos Kiosques a la ciudad de París que los llevaría de distrito en distrito con el objetivo de acoger proyectos culturales y sociales y hacerlos así accesibles al mayor número de personas posible.

Sin duda, su instalación en el patio del Parlamento de Bretaña, sede de la Corte de Justicia de la ciudad de Rennes, hace evidente un interesante contrapunto. Además del gesto, sin duda simbólico, de situar una de sus creaciones en el corazón de un impresionante decorado del siglo XVII como lugar de encuentro, debates y conciertos, los hermanos Bouroullec completan la instalación con la presencia de sus sillones Pallisade, diseñados para la compañía danesa Hay.

Quizá es la combinación de emoción y funcionalidad lo que caracteriza todo el trabajo de los hermanos Bouroullec. Del mismo modo que otros creadores de innegable talento, han alcanzado un estilo visual distintivo que, en palabras de Jasper Morrison es a un tiempo “reflexivo y disciplinado, lleno de espiritualidad y de poesía”. Y esa natural inclinación a impregnar de emoción los objetos cotidianos se hace patente en su extraordinaria capacidad para reinventar los tipos tradicionales de los muebles o los productos más comunes de una manera particularmente apropiada para una nueva generación que mantiene una relación con el hogar, con el espacio que habita, menos rígida que la que fue normal en otros tiempos. Como ellos mismos explican, el éxito de su trabajo consiste en plantear de una manera dialógica el proceso de diseño, una actitud a la que contribuye el carácter dual de un inhabitual equipo de trabajo formado por dos hermanos.